Con vocación reformista, hacia una universidad emprendedora

En estos días celebramos otro aniversario más de la Reforma Universitaria de 1918, de trascendente influencia en el país y en el mundo. Sin caer en un análisis histórico de lo que esto significa pero si tomando sus principales trazos para interpretar su espíritu en el Siglo XXI, es bueno recordar cuatro pilares básicos de sus reivindicaciones: la modernización científica, la gratuidad, el cogobierno y la autonomía universitaria. También es importante rescatar a la Reforma Universitaria como un hito representativo de la lucha política de aquel entonces, al régimen que quiebra y al nuevo orden que funda.

Anterior a esta conquista, la universidad era medieval y retrograda, se manejaba con prebendas que desvirtuaban la misión docente, también alejada de los problemas sociales de la época. Como espacio de investigación científica, no intentaba correrse del sendero de país agro ganadero con serias dificultades para desarrollar la industria. Su acceso era restringido solo para las familias pudientes y el poder de la iglesia tallaba sus prioridades y funcionamiento.

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