El saber y la política

Daniel Innerarity en su libro “La democracia del conocimiento” nos provoca con una premisa de lo más interesante en lo que respecta a la relación del poder con el saber. Plantea que los dos extremos, izquierda y derecha, suelen compartir el mismo punto de partida: la existencia de un saber por encima de la política, al cual esta última no tiene más que obedecer. Tanto el experto para la derecha como el intelectual para la izquierda sostienen esa supuesta distancia y superioridad. El experto es la superioridad de la ciencia, el abogado de la objetividad. El intelectual sustituye esa objetividad por un saber crítico y comprometido acompañado por una pretendida superioridad moral. Parecen ser las dos versiones de una distancia con la política y sobre todo con el riesgo y con la incertidumbre, fieles representantes de la dinámica de la historia. Con esta simplificación, Innerarity intenta demostrar que el saber es cada vez menos un monopolio de expertos y cada vez más una construcción social, un llamado de atención para tener en cuenta el carácter compartido que adquiere el conocimiento. Del mismo modo, la complejidad característica de las sociedades del conocimiento, que no reconocen a la ciencia como único tipo de saber, requiere de procedimientos para poder procesar la inteligencia social y la variedad de voces, articulándolos sin neutralizarlos.

 Pensando en Argentina, la relación de los intelectuales con la política está llena de vaivenes y desencuentros, lo que fue tallando la distancia que estamos analizando. Independientemente de la influencia real del conocimiento en el ejercicio de toma de decisiones en la estructura de poder, desde aquella traducción y prólogo de El Contrato Social de Rousseau por Mariano Moreno, pasando por la Generación del ´37, el Club de la Cultura Socialista, FORJA, Grupo Esmeralda, Unidos, etc. Aunque varios analistas intentaron resignificar el rol del intelectual a partir de los setenta, ligándolo a la acción militante y no tanto como una actividad alrededor del poder y tomen por ejemplo la figura de Walsh, procurando vincular la misión de escritor con la de militante, en ningún caso pone en cuestionamiento el origen de la construcción de ese saber. Cuando Menem intencionadamente era presentado como un “práctico” de la política decide rodearse más del experto que del intelectual y la mencionada distancia se ampliaba a pasos agigantados para llevar a la práctica el plan neoliberal. Como señala Héctor Pavón en “Los intelectuales y la política en la Argentina”, la figura del experto evoca especialización y entrenamiento. Aunque la irrupción de los economistas profesionales, los únicos formados especialmente para desarrollar su actividad cerca del poder, es internacional y anterior a los noventa.

 Hoy en Europa los tecnócratas gozan de buena salud. La crisis se está llevando puesto a los partidos políticos y entraron en escena los técnicos, presentados como una especie de solucionadores de problemas más o menos asépticos, “normalizadores” en el caso de Grecia para poner un ejemplo, que prepararían el terreno para un próximo llamado a elecciones. Por un lado, varios analistas coinciden en que el recurso de los tecnócratas es el adecuado para reforzar la credibilidad ante la UE, por el otro, proliferan manifestaciones de descontento que hacen énfasis en la falta de legitimidad de estos ejecutores.

 Si bien es cierto que jamás en toda la historia los expertos tuvieron tanto poder como ahora, del mismo modo, nunca ha habido tantos expertos que compiten con visiones e intereses contrapuestos (todo experto tiene su contra-experto) y nunca ese saber ha sido tan discutido desde la sociedad. La novedad también está en que en la sociedad del conocimiento la ciencia no posee el monopolio del saber: conviven y coexisten más tipos de saber, más allá de la ciencia, además de la visibilidad de sus limitaciones y de la presencia del no-saber como otro drama. La simplificación en el acceso al conocimiento de este tiempo también implica cierta democratización global del saber experto que deberá ser administrado. El cómo adminstrarlo deberá formar parte del desarrollo de mayores capacidades cognitivas para la práctica política. Es tiempo de prestar especial atención al proceso de negociación que implica el trato con expertos, que deberá ampliar la capacidad de visión. “El asesoramiento político debe ser considerado como un proceso de comunicación y no de subordinación”, dice Innerarity. Ya no puede tratarse de una convencional transferencia de conocimiento, en su interfase se produce de hecho una co-producción de conocimiento, que deberá institucionalizarse y entrenarse. Deberá mediarse con la comunicación y con la opinión pública, sin otorgar monopolios.

 Se podría prestar especial atención a otras disciplinas, que le hacen frente a la inestabilidad de los escenarios, producto de la incertidumbre y la innovación contínua. Aunque merecerá un mayor análisis en este blog, una de ellas es la tendencia a impulsar la colaboración masiva habilitada por las tecnologías de la web social, que trascienden el mundo de los negocios, generando las primeras experiencias de crowdsourcing político para cruzar necesidades con soluciones a partir de convocatorias abiertas, como modelo de producción y de solución de problemas. Por supuesto que el uso de la inteligencia colectiva no eximirá al gobernante de la toma de decisiones pero si le abre a otros puntos de vista más allá del suyo. Para esto, habrá que desarrollar un cambio actitudinal que administre de modo adecuado la gestión del saber para construir conocimiento, y al mismo tiempo devuelva a la política  la función de co-construcción y producción.

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4 Respuestas a “El saber y la política

  1. Muy buen post, y comparto , pero pienso en que la principal barrera a derribar para implementar esta idea sera el ego de nuestros dirigentes que ya estan, pero no sera tan imposible para aquellos que ya estamos en formacion.- sld.-

  2. Gracias Benjamín, coincido que el camino no es facil, aunque se están llevando algunas iniciativas en varios lugares que deberíamos presentarles atención. Quizás lo que más cuesta es desarrollar ese nuevo perfil de traductor e integrador que está haciendo falta.

  3. Bien, son muchas cosas. Lo primero es saludar la presencia de Esteban dentro del pluriverso reflexivo que se abre en las redes sociales.
    El tema propuesto en este primer artículo es enorme y no pienso cometer el sacrilegio de un comentario con pretensiones, pero me gustaría decir alguna cosa.
    la relación entre intelectuales y política en Argentina es un tema árido. Lo ha sido en registro histórico y lo es ahora. Dejando la historia para los especialistas, me gustaría retomar algo de lo escrito por Esteban y tomado de D.I. Me refiero a la idea de la consultoría política como proceso de comunicación. Considero, y tengo para mi bien y para mi mal bastante experiencia en esto, que ese tipo de trabajo es imposible en Argentina. Los políticos profesionales argentinos, al menos los formados en clave de la modernidad, recelan de los intelectuales y no creen que pueden apre(h)nder nada de nadie. hay un suerte de unción divina que los hace impermeable al saber ajeno. Probablemente este temperamento tan perjudicial se revierta en cuanto entren en escenas personalidades políticas más jóvenes, pero es sólo una expresión de deseo.
    Pero lo más interesante que propone el texto es esta vieja discusión acerca de las características que tiene que reunir un intelectual para lograr ser reconocido como tal. Por fuera de la discusión entre expertos, técnicos e intelectuales propiamente dichos, creo que esa categoría requiere de una resignificación. Creo firmemente en que las posibilidades de colaboración que la reflexión tiene – y es importantísima en clave democrática- se magnifican cando aquel que la ejerce está en condiciones de equilibrar su componente de vinculación personal directa con un proceso político y con el Estado con su condición de “ciudadano”. Alejado de la aridez del Estado y sus comportamientos burocráticos pero instalado fuertemente en la comunidad a la que piensa, el trabajo intelectual se vuelve rico y potente. No creo, como se verá, en intelectuales militantes ni en intelectuales comprometidos en forma exclusivista. Creo, más bien en que se debe colaborar en ampliar la conversación democrática con nuevas palabras, nuevos sonidos y esquemas argumentativos diferentes. Bueno, seguro de haber incumplido la promesa de brevedad, me reservo algunas cosas para futuros posteos de Esteban.

  4. Muchas gracias Gabriel por tu comentario y por el saludo. Tu Proyecto Quilt es un punto de referencia en este nuevo intento de diseño de un espacio para la conversación en la red, así lo recomiendo en mis links y lo sigo casi siempre. Coincido en gran parte con lo que decís. Seguramente vendrán políticos más jóvenes que simplificarán la relación con la consultoría u otras figuras, aunque a veces vemos muchos jóvenes muy viejos, que siguen acentuando esa omnipotencia. Lamentablemente, la figura del renegado parece garpar hacia adentro de las organizaciones políticas y muchos representantes se jactan de prestarle la mínima atención posible a técnicas, sugerencias y recomendaciones de estilo. También quise remarcar que hace falta un laburo de interfase que no es para cualquiera, que se trata de conciliar e integrar dos mundos con rutinas diferentes y que cuando esto no pasa, cuando no está presente en la organización esa necesidad de interconexión, se corre el riesgo de comprar todo hecho, a ultimo momento, como una rotiseria de saberes técnicos, nunca plasmados con una idea de plan. Respecto al papel de los intelectuales, de los expertos y de su militancia o no en política, solo quise detenerme en las puertas que se abren a partir de la participación y la posibilidad de poder crear conocimiento colectivo. Tomo nota de no idealizar el papel del ciudadano en esto y que no tiene nada de malo pensar o aportar aisladamente. Mi festejo a la participación tiene intencionalidad política: creo que es un terreno a explotar y que tiene sentido prestarle atención a las iniciativas que se vienen llevando a cabo en diferentes lugares, además de estar agotado de la falsa dicotomía entre los que hacen y los que piensan, los que están discutiendo y los que están en el rioba, etc. Espero poder dejarlo más claro en otros posts

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