La potencia del CoWorking

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Desde hace un tiempo que sigo con atención la evolución y resultados de los espacios de coworking. Creo que son un medio de innovación con mucho potencial que dará más frutos que los vistos hasta ahora. Un coworking es un espacio múltiple de oficinas compartidas. Según Wikipedia,  es una forma de trabajo que permite a profesionales independientes, emprendedores y pymes de diferentes sectores compartir un mismo espacio, tanto físico como virtual, para desarrollar sus proyectos profesionales de manera independiente, a la vez que fomentan proyectos conjuntos. Te ayuda a ordenar tu rutina, fomenta conocer gente, mejora tu productividad y es más barato que una oficina. Es la casa de muchos emprendedores, free-lancers y profesionales ligados a las nuevas tecnologías. Si le preguntás a un co-worker en qué mejoró su trabajo, además de reducir costos, seguro te va a comentar que aumentó su capital social y desarrolló sus redes de apoyo.

Cuenta la leyenda que el primer coworking space fue el Hat Factory de Brad Neuberg en San Francisco, un loft que compartía con otros tres free lancers para luego dar paso al más innovador Citizen Space. En paralelo, el 42 West 24 aparece en Nueva York, ideado por una empresa de software que ofrecía un espacio de trabajo en sus oficinas que podía reservarse con poca antelación. Si bien estas iniciativas todavía no hacían énfasis en el trabajo comunitario, fueron la primer semilla. Después Alemania y sobre todo otras ciudades norteamericanas popularizaron el concepto. Acá, un sitio de referencia del coworking de habla hispana, con una buena cronología de la evolución en todo el mundo. Recomiendo su línea de tiempo dinámica y colaborativa para seguir indagando acerca de su evolución.

Los coworking crean el clima adecuado para  fomentar la innovación, la creatividad y el networking. También alientan la colaboración, abriendo las puertas a la interacción entre profesionales para acceder a nuevos clientes. En Argentina hay cada vez más, soy asiduo visitante del Buró Coworking de Tucumán, un lugar cómodo para trabajar pero sobre todo donde siempre encuentro gente interesante. También sigo de cerca el de mis amigos de SUMA Conectivo, punto de encuentro innovador de Mar del Plata. Me imagino que acá no debe ser un negocio fácil, instalar el concepto y lograr rentabilidad. Se nota el esfuerzo por la competitividad y la profesionalización. Como en todo, nacen nuevos y otros quedan en el camino. En estos lugares ocurren los eventos más interesantes de innovación: charlas, hackatones y otras experiencias vivenciales, transformándose en verdaderos puntos de encuentro.

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Si son sinónimo de innovación, creatividad y colaboración, bueno sería aprovechar su capacidad instalada para llegar a los emprendedores con programas y herramientas de apoyo. Por lo general en nuestros países se ve un esfuerzo notable de los gobiernos para ayudar a generar la institucionalidad adecuada que potencie el ecosistema emprendedor. Se apuesta por agencias de desarrollo, incubadoras de empresas, universidades, cámaras empresariales y otros organismos de interfase que tienen como misión alentar la interacción entre todos los actores de los sistemas productivos con el fin de innovar. Los programas de apoyo a emprendedores suelen tener esta doble misión de fortalecer las instituciones que sostiene el sistema de innovación, además de llegar al emprendedor sujeto de apoyo. O mejor dicho, se considera que estas instituciones del sistema son las encargadas de fomentar el emprendimiento y la innovación. Se invierte mucho dinero público certificando organizaciones “incubadoras”, buscando fortalecer la institucionalidad de los sistemas a partir de los agentes más tradicionales. Sin cuestionar la importancia del tejido institucional se me ocurre que las redes de espacios de co-working ofrecen una potencia infernal para alentar la innovación y el emprendimiento que deben tenerse en cuenta a la hora de diseñar herramientas de apoyo. La tradicional literatura de los sistemas productivos locales deberá reconocer a un nuevo actor: los espacios de trabajo compartido. El factor útil de aglomeración de este espacio radica en compartir, conversar, colaborar y conocer gente, cuatro pilares fundamentales para emprender. Los programas públicos tienen que aprovechar esta red, tenerlos en cuenta como facilitadores, incubadores y aceleradores.

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En un futuro no muy lejano imagino a varios de estos espacios mutando hacia hubs de innovación. Imagino también a los gobiernos interactuando más con los coworking, inclusive a algunas de sus dependencias o profesionales compartiendo espacio. Interactuando, co-creando y también haciendo las veces de HacksLabs, donde un grupo de personas se reunirá para imaginar e innovar, compartiendo conocimiento para crear cosas que solos habrían sido incapaces.

Hay que contar con los coworking a la hora de diseñar los programas de apoyo a la innovación, aprovechar su potencia. Es la casa propia de varios emprendedores.

 

 

 

 

 

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2 Respuestas a “La potencia del CoWorking

  1. Pingback: noticias

  2. Buen artículo Esteban. Creemos que los espacios de cotrabajo empoderan a la gente: a tomar riesgos, a rompre hielo y lo mejor ¡a compartir sin esperar nada a cambio!
    Nos encanta facilitar la comunicación entre personas con nuestra pintura.

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