La ruta de Tesla en New York

La ciudad de Nueva York tiene múltiples atractivos que hacen de este lugar una caja de experiencias increíbles. Si bien existen recetas mágicas de cómo conocer NY en una semana, en cinco días, etc; por lo general la sensación siempre suele ser que te faltó un poco más para seguir viviéndola. Como les comentaba en algunos posts anteriores, estuve por allá hace unos meses. Seis días para aprovechar al máximo. Sobre que la ciudad tiene muchas actividades, facetas diversas que disfrutar, le agregamos otra más: la ruta de Nikola Tesla. No quería dejar pasar la oportunidad de recorrer los lugares del admirado inventor serbio.

tesla corner

Reconocido por muchos como el primer geek, la figura de Nikola Tesla crece por estos tiempos, formando cierto reconocimiento tardío. Florecen las exposiciones, biografías y videos de este señor que es el máximo responsable de mucha de la tecnología que usamos todos los días. Sin él no tendríamos radio, televisión, electricidad, la bobina de Tesla, iluminación fluorescente, las luces de neón, dispositivos de radio control, robótica, rayos-X, radar, etc; llevó adelante toda su actividad como un pacifista apasionado por la búsqueda del bienestar de la humanidad. Fue ni más ni menos que el creador de la corriente alterna. Apasionado por la posibilidad de transportar electricidad a través de ondas, sin conducción de cables, su obsesión por la investigación bordeaba la locura. Su mito se acrecienta por ser víctima de los robos de patentes (como Edison y Marconi), lobbies y presiones que buscaron correrlo de la escena (recomiendo todos los libros de Delgado para conocer a Tesla).

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Tesla llegó a la cuidad de Nueva York en 1882, luego de su experiencia profesional en Francia. Sólo llevaba consigo una carta de recomendación a Thomas Edison escrita por su anterior empleador Charles Batchleor. Batchelor escribió, «conozco a dos grandes hombres, usted es uno de ellos; el otro es este joven». Edison contrató a Tesla para trabajar en su Edison Machine Works y ahí comenzó esa intensa relación tumultosa con New York como principal escenario. A los 35 años se transformó en ciudadano norteamericano. Su primer laboratorio independiente lo instaló en la Quinta Avenida y 35 sur y sus experimentos de resonancia mecánica generaron quejas en los vecinos de los edificios cercanos, afectados por esta resonancia.

Durante más de diez años Nikola Tesla tomó como residencia el legendario Hotel New Yorker, en la Calle 44 con la Octava Avenida, pleno corazón de la ciudad. Con más de mil habitaciones, este ícono del art decó local fue el escenario de gran parte de la historia de la ciudad. En el New Yorker se hospedaron, entre otros, la orquesta de Benny Goodman, Fidel Castro y Mohamed Ali antes de cruzarse al Madison Square Garden para pelear con Joe Frazier. La historia del New Yorker está marcada por la presencia de Tesla. Las habitaciones 3327 y 3328, su hogar y oficina, hoy pueden recorrerse como pieza de museo y allí estuvimos. El hotel también fue el escenario de magníficas presentaciones de sus inventos. Dicen que era un gran dominador de la escena y que como ninguno de su época, presentaba muchísima atención a generar impacto en sus presentaciones. En la colección pueden verse fotos y en la esquina hay una placa en su honor. Cuentan que cuando murió el FBI se hizo inmediatamente con sus carpetas.

New_yorker_hotel_-_nikola_tesla_apartment_door_3327_-_closeup_of_the_plaque

Dicen que los últimos años de Nikola no fueron los más felices. Su sueño de suministrar energía eléctrica gratuita desde la Wardenclyffe Tower, una torre-antena de telecomunicaciones inalámbricas en Long Island, a unos ı00 km de Manhattan, se vió paralizado por el retiro de la inversión de JP Morgan que obviamente quería ganar plata. Sin dinero y dejado de lado por el poder, darle de comer a las palomas era su más importante pasatiempo. Pasaba horas en un parque cercano al hotel. Quizás producto de la ironía, en el Bryant Park en 6ta Avenida, al lado de la Biblioteca Pública está el Tesla Corner en su honor. Allí estuvimos para sacarnos unas fotos.

El muy neoyorkino Paul Auster lo tuvo presente en “El palacio de la luna” y Jim Jarmusch , otro hijo adoptivo de la ciudad, lo tuvo en cuenta en “Coffee and Cigarretes” cuando Jack le cuenta a Meg con entusiasmo (y mirando una bobina tesla) que sin aquel profeta nuestro mundo “ni sería el mismo ni sonaría igual: no tendríamos radio, ni televisión, ni corriente alterna”.

También lo recuerdan los grossos del geek-rock de They Must Be Giants TMBG.

Here is a mind
That can see across space
Here is a mind soaring free
Sound turns to light
And light turns to waves
And waves turn to all things perceived

Con Caro invertimos un par de horas de nuestros pocos días en esta gran ciudad para seguir su recorrido. Porque Tesla es Nueva York y Nueva York es Tesla.

 

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Una respuesta a “La ruta de Tesla en New York

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